martes, 9 de marzo de 2010

Cuadernos 96 Mural de Lagasca

Estos murales de "prueba" nos servirán para la promoción del "AÑO LAGASCA"
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La intención es que vayan apareciendo en los diferentes medios de comunicación.
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La promoción abarca a Lagasca y a Encinacorba.
De aquí, hasta el año 2014
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miércoles, 3 de marzo de 2010

Cuadernos 95 Elogio de Lagasca DIECIOCHO

ELOGIO HISTÓRICO
A
D. MARIANO LA GASCA Y SEGURA
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1776 – 1839
Por el doctor Agustín Yáñez y Girona
DIECIOCHO
Permitidme, señores, citar un párrafo de un sabio tan eminente, porque la menor de sus expresiones es para La-Gasca una recomendación infinitamente superior a todas las producciones de una pluma grosera. En la colección de las Memorias Botánicas, publicadas en París en 1813, encabeza Decandolle la tercera de las plantas compuestas labiatífloras, con la siguiente introducción: “La Memoria que ahora presento al público fue leída en la primera clase del Instituto el 18 de enero de 1808, lo mismo que las dos que preceden. Algún tiempo después de dicha época tuve la noticia de una carta escrita por La-Gasca a Bonpland, en la que anunciaba aquel sabio todos los resultados a que yo había llegado por mí mismo; él establecía, como yo, una familia particular de compuestas de corolas labiadas; la colocaba como yo entre las achicoráceas y las cinarocéfalas; admitía géneros semejantes a los míos, a lo menos en cuanto a las plantas que los dos habíamos conocido, y las solas diferencias que se hallaban entre os dos trabajos consistían en que uno de nosotros había tenido conocimiento de algunas plantas que el otro no había examinado. En esta posición vi con satisfacción confirmadas mis ideas por los trabajos de un botánico tan distinguido como La-Gasca ; creí que así como sería agradable a los botánicos el ver confirmadas las observaciones del uno por las del otro, otro tanto le sería fastidioso establecer para esta familia, desde su nacimiento, una doble clasificación y nomenclatura. Las circunstancias en que se ha hallado la España desde entonces, me ha privado de recibir de él noticia alguna, y me hacen temer que tampoco las recibiré en mucho tiempo; por lo tanto he tomado la resolución de publicar mi Memoria, pero tanto para hacer más completa la historia de esta familia como para conservar los derechos que La-Gasca ha adquirido sobre ella, creo deber intercalar sus observaciones; considero que los botánicos las verán con interés y conozco muy bien la exactitud de su autor, para dejar de prestarlas toda la confianza que sus anteriores trabajos le han merecido. Deseo que esta Memoria llegue hasta él y que ratifique esta Asociación sobre la cual no he podido consultarle.” Más abajo da noticias de varios géneros rectificados y denominados por La-Gasca y la monografía de los géneros y dos especies establecidas y nombradas por él mismo en la disertación que suponía inédita; sin embargo dicha Memoria había visto la luz pública por hallarse continuada en el primer número de las Amenidades naturales de España, impresas, según hemos dicho arriba, en 1811, de la cual, por entonces, sin duda, no tenía conocimiento el distinguido botánico extranjero. En efecto, el expresado número contiene la disertación sobre las chenantóporas, que es el nombre que dio al nuevo orden y significa plantas que llevan flores con los labios o boquiabiertas; disertación citada por el mismo Decandolle en su Prodomus, a la cabeza de la tribu de las labiatifloras. El testimonio tan irrecusable de un botánico de primer orden, del que se acaba de hablar, demuestra cuán interesantes habían sido los trabajos de La-Gasca acerca de la vastísima familia de las sinantéreas, tan complicada en aquella época y en la cual llegó a conocer hasta un centenar de géneros nuevos, citados en los tomos 5, 6 y 7 del mismo Prodomus. Sólo advertiré, señores, que estas expresiones que se acaban de citar, tan honoríficas para nuestro sabio, fueron escritas en tiempo que los Ejércitos españoles triunfantes invadían el territorio francés, lo que hace mucho honor al ilustre Decandolle y debiera confundir a los que preciándose de sabios se profesan un odio implacable y se persiguen encarnizadamente por reputarse entre sí de diferentes matices políticos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Cuadernos 94 Elogio de Lagasca DIECISIETE

ELOGIO HISTÓRICO
A
D. MARIANO LA GASCA Y SEGURA
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1776 – 1839
Por el doctor Agustín Yáñez y Girona
DIECISIETE
No contento La-Gasca con desempeñar de una manera tan esclarecida los deberes de catedrático y de director del jardín, continuó trabajando en sus dos obras favoritas. Tenía establecidas relaciones en toda la Península por medio de sus numerosos discípulos y amigos, que le iban remitiendo ejemplares de plantas, y en particular todas las variedades de cereales que se cultivan en los diferentes distritos. Entre estos corresponsales debo citar, en el seno de esta Corporación literaria, a nuestros apreciables consocios difuntos don Antonio de Martí, don Francisco Mirandell, infatigable párroco de Prats de Llusanés y don Francisco de Bahí y los actuales don Ignacio Graells, don Francisco Bolós y don Francisco Campderá. Así iba dando cima a la Ceres y a la Flora española; llevó a cabo esta última por sí solo y adelantó muchísimo la primera que consumo con Clemente. Publicó en 1816 dos cuadernos, el uno titulado Elenchus plantarum H.R.M., o sea el catálogo de las plantas del Jardín de Madrid, que el célebre Sprengel, en su filosofía de las plantas, propone como un modelo en su género, y el otro Genera et especies plantarum quo aut novos sunt, aut nondum rectè cognoscuntur; catálogo que contiene la descripción de 441 especies, la mayor parte nuevas, y algunos géneros de nueva creación en cuaderno muy pequeño, pero de gran valor y muy apreciado por Decandolle y otros botánicos de nota. En 1817 publicó la Memoria sobre las plantas barrilleras de España, de que dio una traducción alemana al distinguido Schultes, profesor de Botánica de Stuttgart, y se hicieron diferentes extractos en varios idiomas.
Trabajó también en la ilustración y ediciones de la obra de Agricultura de Herrera que publicó la Sociedad Económica Matritense en los años 1818 y 1819. Fue consultado por la comisión de ilustración pública de las Cortes de 1820 y 1821, a cuyas sesiones acudió con mucha puntualidad, suministro sus sublimes conocimientos en la parte de Medicina y de Ciencias Naturales, contribuyendo a la formación del proyecto que presentó la comisión y produjo la famosa Ley de 29 de junio de 1821. Tomó parte muy activa en los trabajos de los primeros botánicos extranjeros con quienes estaba en estrechas relaciones desde hacía mucho tiempo. Debo citar, entre otros de dichos trabajos, los dos más bellos monumentos modernos de la ciencia que honrarán eternamente a su autor, por ser las obras más generales después de la de Linneo. Hablo del Regni vegetabilis sistema naturale, y del Produmus systematis naturales regni vegetabilis del ilustre Decandolle, en cuyas descripciones y sinonimias se ve citado con frecuencia el nombre de La-Gasca, lo que no es de extrañar porque Decandolle tuvo muy presentes trabajos de nuestro sabio al componer la obra, y admite varios de sus géneros y especies, cita sus diferentes escritos y confiesa en el prólogo gran número de especies americanas regaladas por La-Gasca, que conserva en su herbario.

Cuadernos 93 Elogio de Lagasca DIECISEIS

ELOGIO HISTÓRICO
A
D. MARIANO LA GASCA Y SEGURA
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1776 – 1839
Por el doctor Agustín Yáñez y Girona
DIECISEIS
Tuve entonces el honor de conocerle y hablarle por primera vez. Era yo, en 1816, un aspirante a las cátedras de los reales colegios de Farmacia y él era un profesor consumado, uno de los botánicos más sobresalientes de Europa. Viéndome pigmeo al lado de un hombre tan grande, de su fama, de su aspecto, de su mirada penetrante, me sobrecogieron; más él me habló con su benevolencia, y al oír de su misma boca la noticia de lo que había sido el establecimiento en tiempos anteriores, del estado lastimoso a que lo habían reducido los desastres de la guerra, del profundo sentimiento que al regresar le había causado su visita, de lo que podía y debía bajo una protección firme e ilustrada y de las causas que se oponían a su progreso, conocí al momento la intensidad de su afición a la ciencia y la energía de su carácter y me persuadí que no en vano aquellos ojos denotaban un corazón de fuego y que aquel cuerpo, en la apariencia endeble, encarnaba un alma grande. Pocas veces puede asistir a sus lecciones, pero me llamó mucho la atención y cautivó mi voluntad aquella ansia con que explicaba sin saberse desprender de la cátedra, aun pasado el tiempo prevenido por reglamento, aquel ardor con que acumulaba unas verdades sobre otras, como si pretendiese agotar todo cuanto sabía en la materia; aquella escrupulosidad con que observaba y hacía observar a los concurrentes los caracteres y fenómenos de los objetos, aun los más diminutos; aquella displicencia que manifestaba al haber concluido como si quisiera continuar todavía y se viese forzado a renunciar a su mayor delicia. Apelo al testimonio de cuantos hayan frecuentado su cátedra y espero me digan francamente cuan descolorido es el cuadro que acabo de trazar del carácter profesional de La-Gasca.

viernes, 26 de febrero de 2010

Cuadernos 92 Elogio de Lagasca QUINCE

ELOGIO HISTÓRICO
A
D. MARIANO LA GASCA Y SEGURA
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1776 – 1839
Por el doctor Agustín Yáñez y Girona
QUINCE
Los eminentes servicios prestados por La-Gasca a favor de la ciencia y de la humanidad, fueron recompensados en 1813 por la Regencia del Reino que le confirió la plaza interina de director del Real Jardín Botánico de Madrid, cuya propiedad le concedió el Rey, ascendiendo sucesivamente el sueldo de 9.000 a 24.000 reales. Llegado a la cumbre de la carrera botánica en España, sentado en la silla del inmortal Cavanilles, no es posible explicar cuanto trabajó en todos los sentidos el nuevo director. El Jardín Botánico estaba en el más absoluto abandono y ni siquiera llegaba a ser una sombra de lo que había sido; la primera vista de la desolación de un establecimiento tan querido, el lamentable estado de uno de los más bellos monumentos de las glorias españolas, llenó su corazón de una aflicción indecible; pero a esta aflicción siguió el más firme propósito de trabajar sin descanso en su restablecimiento, propósito que cumplió con la mayor constancia y con un éxito, aunque muy inferior a sus deseos, mayor de lo que podía esperarse, atendidas las penurias del estado, las contradicciones que por todas partes se le pusieron y las demás demoras consecuentes a la intervención de un cuerpo intermedio entre el director y el Gobierno y después de comprendido el jardín botánico en el Museo de Ciencias Naturales.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cuadernos 91 Elogio de Lagasca CATORCE

ELOGIO HISTÓRICO
A
D. MARIANO LA GASCA Y SEGURA
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1776 – 1839
Por el doctor Agustín Yáñez y Girona
CATORCE
Pero volvamos nuestras consideraciones a la época de la gloriosa lucha de los seis años. La-Gasca, ocupado en los hospitales, no descuidaba por eso la ciencia que formaba sus delicias. Esta afición, comprimida por la severidad de sus principios en el cumplimiento de deberes muy sagrados, no estaba del todo extinguida. Sus proyectos dominantes, la Flora y la Ceres españolas, persistían en todo su vigor aunque no pudiese dar a su ejecución la latitud que hubiera deseado. Así que las horas libres que tenía después del desempeño de su plaza médica, lejos de destinarlas a inocentes diversiones o a las visitas de enfermos particulares para obtener justos honorarios con que subvenir las penurias que a veces sufría a la par de sus compañeros, las empleaba en salir al campo para dedicarse al examen de todos los vegetales; aprovechaba asimismo las continuas marchas que se hacían de aquella desastrosa guerra para herborizar en los terrenos que recorría; jamás salía sin volver a su alojamiento cargado con efectos de sus recolecciones. En 1811 publicó en Orihuela el primer número de las Amenidades naturales de las Españas, célebre en la historia de la ciencia por la Disertación sobre un nuevo orden de plantas de la clase de las compuestas, de las que se hablará más abajo. Jamás pensó en sí mismo, en sus comodidades, en su salud, en su vida, ya que el ejercicio de la medicina absorbía sus cuidados y todo el tiempo que le sobraba, por cualquier causa que fuese, lo destinaba a la agricultura y a la botánica. De ahí es que al regresar a Madrid después de la guerra, llevó consigo un segundo herbario recogido en las provincias meridionales, rico en variedades de cereales y con semillas de más de 700 4 especies de plantas que destinó para el jardín botánico.